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Historia del Templo Hsu Yun y biografía del Venerable Maestro Jy Din
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La Construcción del Templo Hsu Yun

La llegada del VM Jy Din trajo un espíritu pionero a Hawai. Llegó a Honolulu con las manos vacías pero con una estatua de Buda y una colección de Sutras. Dos semanas después de su llegada, más de mil budistas e inmigrantes chinos se reunieron en el Salón Principal de la escuela Zhong Shan (escuela Yatsen) de Honolulu para realizar una ceremonia de bienvenida. A partir de ese día en adelante, Honolulu tuvo su propio Maestro del Dharma residente.

En esos tiempos, la Asociación Budista no tenía un domicilio fijo - utilizaba la planta alta del mercado de Chen Kuan temporalmente. El responsable de la Asociación, Chen Zhao Hong, llamó a una reunión entre los directores para discutir como la Asociación debería expandir sus objetivos a partir del arribo del VM Jy Din.

El VM Jy Din llamó a la discusión durante la reunión sobre el tema de si la Asociación necesitaba una dirección fija. Así, estableció que debería ser su prioridad. Todos los directores aprobaron la decisión de tener un hogar permanente por unanimidad. Las reuniones posteriores se llevaron adelante para discutir temas como la colecta de fondos (para comprar o alquilar) y la selección de la ubicación. Se empezaron a buscar lugares viables para el emplazamiento del templo, pero en principio sólo se encontraban lugares costosos o de difícil acceso para ubicar allí un templo. Después de mucho buscar, un Chino-Americano llamado Yang Xian Xi consiguió una posibilidad en la residencia de un pastor ubicada en la calle Kawananakoa nº 42. Una iglesia católica poseía la propiedad. Cuando la Iglesia descubrió que un Maestro Budista era el interesado en la compra, se aprobó su venta por USD 45.000, un coste bajo para lo que realmente la propiedad valía. A pesar del bajo coste, este precio era alto para una Organización religiosa, por lo que Cao Tian Qiu sugirió que el dinero fuese conseguido en un Banco de Créditos estimando que la Asociación podría pagar la deuda en aproximadamente tres años. Fue gracias al aporte de directores y las donaciones de seguidores que la deuda fue cancelada al terminar el primer año. De esta manera, la Asociación Budista de Honolulu tendría un lugar fijo. Esa se convertiría en la tierra en la que el Salón Principal de Shakyamuni se construiría y luego sería llamado Templo Hsu Yun.

Alrededor de 1953 el responsable de la Asociación Budista de Honolulu (Henry H. Wong) comentó que los miembros comenzaron a trabajar para tener un monje que llevara adelante el lugar, y esto se consiguió cuando el VM Jy Din llegó a Hawai desde Hong Kong en 1956, siendo el primer monje chino en pisar tierra norteamericana.

Este Maestro de Dharma, de 47 años, sirvió al VM Hsu Yun en el Templo Nan Hua de Guangzhou alrededor de 20 años y en 1961 se convirtió en ciudadano norteamericano.

Hubo unas cuantas complicaciones durante la construcción del Salón de Buda y otras partes nuevas del templo debido al hecho de que estarían utilizando técnicas y materiales modernos de construcción que debían combinarse armoniosamente con las tradiciones centenarias de construcción de templos, y hacer uso del clima calido y el paisaje de Hawai. El VM Maestro Jy Din formó parte importante incluso en el diseño de partes del templo, ya que no habría profesionales que conozcan ciertas técnicas de arquitectura oriental en Hawai.

Entre 1965 y 1967, publicaciones budistas de Taiwán, Hong Kong, Singapur y Malasia cada tanto indicaban que se estaba construyendo en Hawai el Templo Principal de Shakyamuni. Fue generosamente llamado “el Templo Chino más Grande en los Estados Unidos”.

 

Templo Hsu Yun

 

En 1967 el Salón Principal (de 325 metros cuadrados) fue finalizado y su ceremonia de iniciación fue un ítem de Buenas Noticias.



 

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Un Discernimiento para Ahora

¡Qué estúpido es pecar temeraria o imprudentemente
mientras el dharma puro se esparce a tu alrededor;
qué tonto gastar el tiempo de tu vida sin sentido,
cuando es don tan raro obtener el valioso cuerpo humano;
qué ridículo atarse a una ciudad-prisión y allí permanecer;
qué risible pelear y querellarse con esposas y parientes
que apenas si son visitantes pasajeros;
cuán vano estimar palabras dulces y tiernas
que apenas son ecos vacíos en un sueño;
cuán fatuo malgastar la vida litigando con enemigos
que son como flores delicadas;
qué tonto es atormentarse hasta la agonía pensando en la familia,
que nos ata a la mansión de maya;
qué estúpido restringirse a la tarea del dinero y de la propiedad,
que es la deuda contraída sobre el préstamo que otros nos hacen;
qué ridículo embellecer y engalanar el cuerpo,
que es vaso lleno de inmundicia;
qué fatuo excitar cada nervio con riqueza y bienes
y descuidar el néctar de la enseñanza interior!